8.08.2011
Cuentos de frutas para dormir Condesas insómnes.
Había una vezuna Paulita que se comió una ciruelita, así, roja, redonda y dulce.Pero lo que ella no sabía es que dentro de ésa hermosa y deliciosa ciruela vivía, nada más y nada menos que, un secreto.
Un secreto que una Andrea deposito al sembrar la fruta, la cual regaba todos los días, le cantaba y contaba nuevos secretos bañados en miel para que acompañaran a su ciruela secreto.
Sólo que un día alguien la robo mientras Andrea distraída no la vió.
Paulita era una niña muy perversa cuando así lo quería, así que gusga comío la enorme ciruela y las cosas se complicaron un poco.
En ella comenzo a crecer el secreto de Andrea, se desplazaba desde su estómago h
asta sus neuronas topándose en su camino con otros secretos propios del cuerpo que conquistaba o contados por alguien más.
Si,los secretos son de carácter complejo y siempre van celosos de su espacio y estima. Cuando se les invade comienzan a tramar cosas, a planear huídas y revoluciones, simplemente porque es su naturaleza.
No podemos olvidare que los secretos nacen en lo oculto, se les conjura en la clandestinidad y se les enseña a ser huraños, por lo que al verse acompañados
buscan su espacio, no comparten e, inevitablemente, comienzan a huir por dónde pueden.
Poco a poco Paula comenzó a decir secretos que no quería contar los contaba por los labios, por los poros que sudaban sin que lo pudiera evitar, sus ojos eran fuente inagotable de secretos, una mirada y lo sabías todo.
Una revolución violenta para la pobre Paulita que comenzó a perder peso y amistades, ya que secretos kamikaze lograban poner de cabeza sus relaciones, traición era la palabra que más torturaba a nuestra chica.
Así que un día, cansada de éso y notando que el secreto de Andrea, desde la punta de su lengua comandaba una serie de suicidas decidió tomarlo por las patitas, las múltiples que tenía ,y cuidando no romperle las alitas doradas lo deposito al en el jardín.
Él reconoció el olor a tierra mojada que lo había guardado tan bien lo había alimentado y dado un corazón de semilla. Dejo de sentir la lucha interna y se volvió una canción arcoiris durando en el tiempo.
Paula, sonriente, la escucho y silbando emprendió el regreso a casa.
FIN
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